El Vuelo al Sabbath



El Vuelo al Sabbath 

"Vision de Fausto" de Luis Ricardo Falero

La página lleva un par de meses inactiva dado que compromisos personales me han impedido redactar entradas, de hecho un proyecto a largo plazo, relativo al Arte, en el que estoy sumido, tomara todo mi tiempo por lo que la actividad de este espacio se verá reducida considerablemente, de forma temporal claro está, intentare aun así publicar en la medida de lo posible pero no podrá ser prioridad, por ello pido disculpas a mis lectores. 

Antes de sumergirme plenamente en el mencionado proyecto quería escribir un nuevo artículo, no me agradan las publicaciones de “me tomaré un descanso”, de modo que considero que la mejor forma de despedirme por un tiempo es con una nueva publicación, se lo debo a mis asiduos lectores frente a los cuales tengo una responsabilidad que he asumido plenamente. 

Pasemos pues a lo que nos concierne. 

Para quienes siguen mis publicaciones, tanto en esta página como en su contraparte en Facebook, no les resultara particular mi profundo interés en el Sabbath y la reiterativa mención del mismo. No es de extrañar considerando, como ya se ha visto en la entrada correspondiente, el papel central que tiene el mágico evento en el Arte de la Brujería. Parto este escrito con el supuesto de que ya están familiarizados con la verdadera naturaleza del Sabbath y que han leído íntegramente mi exposición al respecto, de igual forma el link a ese artículo lo tienen en este mismo párrafo. De tal forma que nos evitaremos confusiones y podremos dialogar en el contexto adecuado.

Innecesario hablar acerca de los registros históricos del vuelo al Sabbath pues, nuevamente, fueron previamente expuestos en mi ensayo anterior, por lo que nos enfocaremos en el aspecto eminentemente práctico del asunto, a saber, el vuelo al Sabbath propiamente.

La congregación nocturna, independientemente de si esta ocurre en uno de los grandes eventos del año como Hallowmass o Walpurgis, o en alguna de las lunaciones mensuales, es un suceso eminentemente espiritual que requiere del practicante un estado alterado de consciencia, un “ caer en éxtasis”, que es en definitiva lo que produce el “vuelo” del espíritu para transportarse al Sabbath. La forma de llegar a ese estado es variable, pero en la tradición bruja involucra en la gran mayoría de los casos el uso de ungüentos específicos.

Llamado propiamente Unguentum Sabbati (ungüento del Sabbath), y conocidos popularmente como Ungüentos Voladores, estas preparaciones, con base de grasa animal, eran empleadas por los Brujos para caer en un estado de éxtasis que eventualmente les permitía abandonar sus cuerpos físicos, para unirse de esta forma al vuelo nocturno hacia la Asamblea de la Reina Bruja y el Maestro Cornudo. Los ungüentos estaban indefectiblemente compuestos por hierbas psicodélicas y venenosas, tales como belladona, beleño, cicuta, acónito y la mandrágora, cuyos alcaloides contribuyen a un efecto psicoactivo, a no ser que las dosis se excedan en cuyo caso puede ser mortal; y que abstrae al practicante de la realidad mundana, facilitando su paso al mundo del espíritu. El uso de la cicuta, aunque tradicional, no es recomendable por lo tremendamente tóxica que es, manejarla requiere extremo cuidado. 


Hexensalbung (1899)

 El ungüento era/es aplicado en las axilas y la planta de los pies, aunque existen relatos en los cuales podía ser colocado en las muñecas y frente, sin embargo algunos practicantes alegan que las propiedades de los ungüentos son mejor absorbidas por las membranas mucosas, evidentemente con excepción de la boca dado lo ponzoñoso de los componentes.

Interesante señalar que los ungüentos voladores no son exclusivamente del contexto de la brujería medieval, sino que en fuentes antiguas, como El Asno de Oro de Apuleyo, son mencionados: 

    (…)Lo cual Panfilia hizo de esta manera: primeramente ella se desnudó de todas sus vestiduras, y abierta una arquilla pequeña sacó muchas bujetas, de las cuales quitada la tapadera de una y sacado de ella cierto ungüento y fregado bien entre las palmas de las manos ella se unto desde las uñas de los pies hasta encima de los cabellos; y diciendo ciertas palabras entre si al candil, comienza a sacudir todos sus miembros en los cuales, así temblando, comienzan poco a poco a salir plumas. (El Asno de Oro, 1955, IV, p.56.). 

La escena presenciada por Apuleyo en su famosa obra si bien esta imbuida de elementos fantásticos es, sin embargo, desde la visión de un practicante del Arte, una imaginería simbólica del efecto que realmente producen los ungüentos sabbáticos, facilitando el “cambio de forma del prácticamente”.

Por supuesto esta transformación no es precisamente literal o física, sino que tiene ocurrencia en el plano espiritual, el cuerpo etérico del practicante cambia a una nueva forma, o su consciencia es depositada en un receptáculo previamente construido astralmente, o simplemente se manifiesta espiritualmente un doble del cuerpo físico del individuo. Por ello la procesión de la Hueste Nocturna al Sabbath suele tener una imaginería diversa, desde pájaros, jabalíes, perros, y demás animales, hasta Brujas montadas en cabras, caballos, escobas o stangs. Como el practicante se manifieste en la Otredad dependerá de su deseo y procedimiento empleado. 

Sin duda esto trae a escena los procedimientos chamanicos en los cuales el caminante entre los mundos se ataviaba con prendas animales, haciendo una analogía con su contraparte salvaje, para luego abandonarse al éxtasis al ritmo de los tambores y viajar al Mundo de los espíritus. La semejanza no es sorprendente si se tiene en consideración el probable origen chamanico de la Brujería. 

Y es que conjuntamente con los ungüentos el practicante puede ayudarse con el sonido de tambores, baile frenético y canticos para alcanzar el estado alterado requerido para pasar al Otro Mundo, en el momento adecuado se caerá en “el sueño que es como la muerte” y el viaje comenzara. Aun así, el uso de los ungüentos no debe considerarse un aditivo extra, las fuentes nos permiten ver la importancia de los psicoactivos para facilitar enormemente el vuelo, corrientes mágicas actuales han pretendido reformular el concepto de los ungüentos voladores, cambiando recetas y eliminando las hierbas tradicionales que poseen los alcaloides necesarios para alterar el organismo, reemplazándolas con plantas poco útiles para el verdadero propósito de estos bálsamos. 

Muchas de estas hierbas con inaccesibles en Hispanoamérica, sin embargo ciertos sustitutos pueden ser obtenidos, siempre que posean los componentes químicos requeridos; la datura, por ejemplo, ampliamente diseminada en la región, es un sustituto más que adecuado para alguna de las plantas europeas tradicionales.

Una vez que el espíritu, con la plena consciencia del practicante, haya despegado, el individuo con la ayuda de sus Familiares, o Espíritus Aliados, y el permiso de los Señores del Arte, se unirá a la procesión nocturna que arribara definitivamente al Congreso Brujo. La cuestión relativa a la plena consciencia requiere una aclaración que involucra directamente a la naturaleza misma del Viaje Sabbático… 

Primero, debe quedar absolutamente claro que la incursión nocturna es un evento espiritual real, que está teniendo lugar verdaderamente en el Mundo de los Espíritus, no es una meditación o un Pathworking, si bien este último cuando es realizado correctamente puede devenir en un verdadero despegue. No estamos hablando de una meditación guiada o una visualización, algunos nunca podrán viajar al Sabbath, punto. Queda de parte del practicante el engañarse acerca de la experiencia, cuando es un verdadero vuelo al Sabbath se sabrá sin lugar a dudas, es una experiencia iniciática cada vez y nunca se regresa de la misma forma, algo cambia, uno lo palpa. 

Referente a la actividad consciente, como se puede observar el Brujo se prepara para el evento y dirige sus esfuerzos en pro de la consecución del mismo, durante su éxtasis direcciona la voluntad para volar y en el Otro Lado retiene su control mental, caerse simplemente dormido no se considera un Viaje Sabbático. Sin embargo, y esto ha de ser tomado en cuenta, los Dioses Brujos pueden compeler al espíritu del practicante, durante su sueño, a que se presente al Sabbath, esto puede ser considerada una evocación a la inversa, I.e no es el practicante quien llama a la entidad a este plano sino es él/ella mismo/a quien es llamado por los Poderes; la ocurrencia de esto es variable y depende de factores que escapan a mi juicio. De suceder tal evocación inversa el Brujo igualmente lo sabrá y podrá diferenciarlo perfectamente de un sueño cualquiera. 

Ahora, existen métodos particulares a través de los cuales abandonar el cuerpo físico y enviar el espíritu al cielo nocturno, pero tales procedimientos corresponden a individuos o contextos sub-culturales específicos que, si bien no se relaciona directamente al Sabbath desde nuestra imaginería, sí se presentan como consideraciones posibles de los vuelos sabbáticos. 


Aquelarre (Xilografía), de Hans Baldung(1514)

Los Benandanti de Friuli, por ejemplo, solían caer por si solos en un estado alterado que los sumía en un “sueño” en el que sus “almas” abandonaban sus cuerpos, en la forma de pequeños animales, para aventurarse a juegos nocturnos de danza y festejo o para luchar contra Brujos malignos o Malandanti. Un requisito curioso para ser un Benandanti era nacer con la placenta enrollada en la cabeza, llamado ocasionalmente “nacer con velo”, una característica que se repetiría en diversos grupos en distintas áreas de Europa. 

Otra forma a través de la cual podría viajarse al Sabbath, puesto que las fuentes históricas nos permiten realizar conjeturas, es a través de un estado cataléptico, sin embargo ello no puede ser aprendido, hasta donde tengo entendido, y está atado de forma indefectible al individuo que padezca esta aflicción. Carlo Ginzburg nos da referencias acerca de este evento en el Norte de Europa, específicamente Laponia, y lo extiende hasta los mencionados Benandanti: 

    En la mitad del siglo decimosexto, Peucer describe a los “magos” lapones emergiendo de una catalepsia con estas palabras: ‘Habiendo pasado veinticuatro horas, con el retorno del espíritu, como si de un sueño profundo se tratase, el inanimado cuerpo despierta con un gemido, como si fuese llamado de vuelta a la vida desde la muerte en la que había caído’. Treinta años después, el autor de un testimonio anónimo acerca de los benandanti, Toffolo di Buri, “pastor” de una villa cerca de Monfalcone, usó términos abrumadoramente similares: ‘Cuando él [uno de los benandanti] es forzado a ir a combatir es sobrecogido por un sueño profundo, y durmiendo con el estómago hacia arriba mientras el espíritu salía, uno podía escucharlo emitir tres gemidos, como ocasionalmente hacen aquellos que están muriendo’. En ambos casos el sueño, letargia, catalepsia, se comparaban explícitamente a un estado de muerte temporal, destinada, sin embargo, a convertirse en definitiva si el espíritu se tardaba en re-entrar en el cuerpo. (Ecstasies, Cap. III, p. 170.). (corchetes son míos). 

La narración nos permite confirmar que el sueño en el cual se sumían tanto los Benandanti como los magos lapones no era uno común y corriente, sino uno muy especial, que parecía como el mismo sueño de la muerte, similar al estado en el cual el cuerpo, mientras viaja al plano astral conscientemente, es arrojado. Igualmente la realidad de la experiencia es reiterada ante el peligro de que el espíritu no vuelva de su viaje, característica básica del chamanismo en el cual la interacción directa con el mundo espiritual es considerada peligrosa por las posibles consecuencias de que algo salga mal, reafirmando la indefectible realidad de la Otredad. 

No es un evento mental sino la convivencia con un mundo que realmente “es” y puede afectarnos positiva o negativamente como el mismo plano material. 

Recuerdo una experiencia de viaje en el cual, omitiendo detalles, entre los asistentes del Congreso me encontré con una Diosa oscura en un paisaje sumamente sugestionador, un templo en ruinas en una montaña bajo una poco natural noche, el evento que se desarrollo fue tan intenso y “real” que por un momento dude de la experiencia sumido en la duda de la demencia, la Diosa me dijo que ella me demostraría en carne la veracidad de lo que acontecía. Después de regresar a mi cuerpo y finalizar la ceremonia, y de nuevo volver a las actividades mundanas, me queme en la zona abdominal con una marca especifica que duro un mes y medio, siendo estos “latigazos fogosos” una de las características comunes de esa deidad, al instante supe que tal era la seña predicha. 

El peligro de no volver es uno latente cuando verdaderamente se ha despegado espiritualmente, en el mundo chamanico esto toma tintes incluso más oscuros, como espíritus que pueden poseer el cuerpo desprotegido del practicante, o partes del alma que son dejadas en el Otro Lado y que deben de ser posteriormente recuperadas por otro chaman y devueltas a su dueño. Aquí entran en escena los Espíritus Familiares que deben ser llamados tanto para proteger el receptáculo vacío como para guiar y socorrer al Brujo en su viaje. 

La procesión nocturna llevaría entonces al practicante el sitio en el cual la Asamblea tomaría lugar, lo que allí suceda se aleja del tópico de esta entrada, pero cada experiencia sabbática es única y un momento de muerte y resurrección constante. 

La naturaleza espiritual y astral del Sabbath es indiscutible, como nos permite ver todo el proceso eminentemente mágico que precede a la ocurrencia mística, y es tiempo de que tan sacro evento deje de ser confundido por los adherentes de las religiones paganas modernas con los simples festivales estacionales, el uso correcto de los conceptos es imperativo para poder estructurar un corpus de creencias sólidas, si no posibles decepciones pueden suscitarse como el hecho de que la gran mayoría de los paganos modernos no han realmente participado en un Sabbath, tan solo en una celebración a la naturaleza.

Al Sabbath llegamos volando, así que untemos el ungüento, llamemos a nuestro Familiar y escuchemos el cuerno del Maestro que llama inexorablemente a sus Hijos a congregarse en la Fiesta Bruja, uníos a la nocturna comitiva y recorred las nubes hasta la vieja Montaña, hacia el norte y hacia abajo, hasta las profundidades de los Mundos donde la Dama y el Viejo nos esperan. 


Witches Sabbat Postcard (1910)

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