El Éxtasis Poético



El Éxtasis Poético 


Hesiodo y la Musa por Gustave Moreau (1891)


No ves tú muchacho imprudente

Que eres una perla negra que arroje desde el Olvido

Sigues ciego al no entender aún los rumores del Ocaso

Sonríe con Ojos de Amatista

Y déjate llevar por los clamores de las sinfonías ambivalentes de la Creación

Déjame dotarte de Eternidad para que seas participe de mis desventuras


Y ese fue el poema, o lo que puedo recordar de él, que broto de mi boca hace un rato atrás mientras comía, minutos antes de comenzar esta Entrada que no sé cuando publicare. Estaba precisamente en el comedor, me senté en una de las sillas laterales que dan justo a un espejo que compone el fondo de un gran estante donde guardamos la cristalería y las vajillas. Mientras tomaba un bocado mire mi reflejo en el mencionado espejo y de pronto me reí y dije unas de esas cuestiones arrogantes que suelo proferir sin pensar, luego de la risa me perdí súbitamente en mi propia mirada, buscando algo que no sabía que había perdido, y comencé a balbucear palabras en ese estado consciente pero extático, uno que los practicantes del Arte conocen bien, a medida que las decía podía sentir la presencia de Hekate detrás de mí, cuando es Ella es inequívoco, al llegar al final todo ceso y solo pude retener algunas frases. 

Esto no es primera vez que me pasa, me pasa mucho de hecho, cuando menos lo espero y siempre deja esa sensación única de haber sido imbuido en energía divina. Puedo producirlo conscientemente, buscar ese semi-trance poético, cuando lo necesito, sin embargo es más interesante cuando es súbito, de hecho los poemas que he plasmado en el Blog han sido producto de esos éxtasis repentinos, la Carga de la Diosa Oscura fue sin embargo preparada y tuvo un proceso invocatorio pues deseaba transmitir algo especifico que solo podía manifestarse con ayuda divina directa, por los comentarios que he recibido de diversas personas que han compartido de forma privada lo que han sentido al leerla puedo decir que logro su efecto.

Igualmente estoy seguro que para aquellos que se relacionan íntimamente con Hekate esto no les será extraño, los que la conocen saben perfectamente que su momento favorito para aparecer es cuando menos la esperas, es parte de su característica particular de “Yo decido cuando actuar, no tú”. Recuerdo una ocasión sumamente incomoda en donde estaba visitándome una persona muy cercana con un grave problema sentimental por la pérdida de su madre, mientras intentaba aconsejarla desde mi conocimiento consciente fui “tomado” vehementemente por la Señora, y aunque intente controlar inicialmente el arrebato termine por dejarme ir, pues Hekate, aunque en ocasiones autoritaria, siempre procede cuando lo considera eminentemente necesario. Cabe decir que el consejo que Ella le ofreció fue mucho más útil que el mío, pues calmo sorprendentemente rápido a la afectada. Pero ese es otro tema.  

El punto de esta Entrada es el referente a la esencia divina de los poemas. Y es que el Poeta era originalmente considerado un instrumento de los Dioses, cuya inspiración procedía del Otro Mundo. No por nada algunos de los practicantes del Arte más comprometidos tienden a crear poemas e himnos de hermosa estructura y estremecedor sentido, sus palabras dotadas de una magia palpitante.

Los viejos Encantamientos eran poemas en sí mismos, direccionados a un fin especifico, de allí nos queda la antigua tradición de escribir en rima los hechizos, o con métrica especifica en los versos, o formulados especialmente para expresar en abstractas expresiones un significado trascendental.

Los Bardos celtas y los Escaldos escandinavos en ocasiones estaban inmiscuidos directamente en prácticas mágicas como el famoso Egil Skallagrímson. En la misma mitología nórdica Oðinn, Dios de la Magia, lo era igualmente de los poetas y del Oðr, la inspiración divina de la que se nutrían los Escaldos y Vitkar. En la mitología griega Apolo se presenta como el Dios de la profecía, siendo el patrón del Oráculo de Delfos, y esto un guiño a su verdadero origen chtónico como ha sostenido Jake Stratton Kent y que quien les escribe apoya totalmente; al igual que deidad de la poesía, presentándose en algunas fuentes como el Padre de las Musas. 

Incluso en los poetas “mundanos” podemos encontrar la inmanencia de lo espiritual, leer un poema de Goethe, o de Poe, de Barba Jacob, de Neruda, o del siempre enamorado Benedetti, entre muchos otros, es viajar por recuerdos, nostalgias que elevan al espíritu y pueden llevarlo a experimentar estados alterados de consciencia, siempre claro está que el lector sea sensible a tales cuestiones. He allí la indeleble relación entre los poemas y los sentimientos más profundos del ser, y si bien el poeta en ocasiones no se encuentre al tanto del nexo con lo trascendental, cuanto mínimo se ha conectado con una parte profunda de su propia existencia, ha tomado de cualquier forma ese Oðr, esa inspiración intangible y etérica.

Cuando se presenta el caso de que el practicante está dotado del mercurial talento para escribir poemas con pericia, pues entonces será empleado con relativa asiduidad por los Poderes para verter en este plano palabras de elogio o exaltación, para transmitir mensajes o simplemente dejar glorificado testimonio de lo espiritual. Puedo decir con total seguridad que Ellos se sienten tremendamente complacidos al inspirar y escuchar poemas o himnos, y no por mera vanidad, tontos seriamos al creer que lo necesitan, sino porque ejemplifica maravillosamente la indefectible unión entre nosotros y lo sutil, ese lazo sin final que concatena carne y espíritu, en su momento entenderán, mis estimados amigos, que los poemas elevan tanto al escritor/lector como a la Deidad o Espíritu para el que es escrito/recitado, sin embargo ha de ser experimentado, gastaría palabras al intentar explicar la inefable sensación del placer amoroso, erótico, sagrado y puro que recorre cada parte del ser al vibrar conjuntamente con la entidad honrada. Puede llegar a ser incluso hedonista. 

Algunos tendrán facilidad para tal empresa, otros requerirán de mayor esfuerzo, sin embargo al final siempre estará la satisfacción de haber sido tocado por lo divino para cristalizar ideas, pensamientos y motivos que en un principio desconocíamos y que se terminan convirtiendo en gnosis para el receptor y los futuros lectores. No por nada el viejo Crowley escribió tan maravillosos, como controversiales, poemas, él entendió que al hacerlo se convertía en partícipe de lo Eterno. 


Escribid un poema, y dejad que fluya en ustedes la gloria de lo imperecedero.



Himno a Dioniso

Por Aleister Crowley

(Traducción interpretativa por Frater G.S.)

 Traigo vino para vosotros desde las alturas
Desde las vasijas del celebrado Sol
Para cada uno de sus Amores
Y vida para todos
Ustedes han de bailar en el llano y en la colina
Ustedes han de cantar en la hondonada y en las alturas
En el frenesí de la mística festividad
El arrebatador rito bacanal
La roca y los arboles son suyos
Y las aguas bajo la colina
Por el poderío de aquello que perdura
El Sagrado cielo de la Voluntad
Yo enciendo una llama como un torrente
Para correr de estrella en estrella
Tu cabello como un cometa erizado
¡Tú verás las cosas cual son!
Yo levanto la máscara de la materia
Y abro el corazón del hombre
Pues yo soy de Fuerza para resquebrajar
Y la dispersión que esconde ¡Pan!
Tu Amor ha de lamer la mortandad
Y salpicara con Rosas de Sangre
Cada querida hija desesperada
Nadara en la ferviente inundación
Yo te traigo risas y lagrimas
Los besos que espuman y sangran
Las alegrías de un millón de años
Las flores que no portan semilla alguna
Mi vida es amarga y estéril
Su flama es una estrella errante
Tú haz de pasar en placer y peligro
A través de la mística barrera
Así ha sido establecido para la ira y el llanto
Contra los hijos de la tierra
Pero tú en canto y sueño
Pasaras en precaución y alegría
Yo levanto mi Vara y te saludo
A través de colina en colina en deleite
Mis ríos de rosa te lavan
En la más íntima luz lustral
Yo te guio, Señor del Laberinto
En la Oscuridad libre del Sol
A pesar del rencor de los días
Somos casados, somos salvajes, somos Uno



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