Los Principios de la Evocación: A través del Lemegeton y el Arte Magice de Hekate





Inicialmente cuando pensé escribir este artículo tenía pensado llevarlos a través de una noche de evocación, desde los preparativos iníciales hasta la finalización del rito, de la forma más detallada como me fuese permitido sin revelar más de lo necesario. Sin embargo a medida que pensaba lo que escribiría, tiendo a sopesar lo que diré en cada entrada mientras hago cualquier otra actividad, el tema fue cambiando paulatinamente y ya el foco no sería precisamente una práctica evocatoria y sus menesteres sino un análisis acerca de los principios esenciales de la evocación fundamentado en una comparación entre las bases del Lemegeton, llamado La Llave Menor de Salomón, y el sistema empleado a través de mi Tradición y marco metodológico, en la que Hekate toma el rol de deidad soberana y soporte protector del mago. 

Sorprendentemente, y aun considerando los irreconciliables paradigmas judeo-cristiano y pagano, las similitudes están totalmente presentes, llevándome sin duda a confirmar mis suposiciones de que el proceso de evocación es en definitiva un mecanismo bastante técnico, lo que produce que sean necesarios una serie de factores elementales y sistemáticos para su correcta aplicación.

Antes de partir al procedimiento evocatorio per se es necesario entender la naturaleza esencial del ritual en cuestión. Podemos dividir la evocación por razones de conveniencia en dos tipos básicos:

-La Evocación de una entidad elevada
-La Evocación de un espíritu cualquiera

El primer punto engloba a seres de naturaleza divina o superior, sean Dioses, estos de procedencia infernal o celestial; Ángeles, y demás Altos Guardianes del Arte.  

El segundo se refiere a la evocación de un espíritu del Arte, un daemon, un potencial kakodaemon, una entidad celestial inferior, un ancestro empoderado o incluso una sombra espectral.  

Aun cuando indiferentemente de la entidad a ser llamada el procedimiento se mantiene básicamente similar existen obvias diferencias que vale hacer mención.

Podemos comenzar sin más con el uso explicito de la sangre del practicante como instrumento para atraer a la entidad en cuestión creando un lazo substancial con este plano y sirviendo como una llave en sí misma para traspasar puertas dimensionales. Evidentemente el uso de la propia sangre carece de presencia en el sistema contenido en el grimorio Lemegeton, hacerlo sería sin duda una absoluta y total contradicción al ethos que mueve al famoso libro, caracterizado por el distanciamiento del Mago con respecto a las entidades llamadas y al desdén con que las mismas son tratadas por las diversas oraciones y maldiciones evocatorias. Sin embargo en el Arte Brujo, y las vertientes qliphoticas de la Magia Ceremonial, el uso de la sangre se convierte en un componente constante dado las características vitales y espirituales de la misma  y que requerirían una entrada completa.

Aun así, y a pesar de que la sangre pueda ser sumamente útil al llamar a cualquier entidad, haciendo salvedad de las fuerzas empíreas, aunque no evitando hacer mención de que Kamael, el Arcángel de Marte, por ejemplo, no encontraría indeseable tal ofrenda; he descubierto que no es prudente otorgar como tributo el liquido vital a cualquier ser llamado. Esto no lo expongo en base a meras pre concepciones y temores infundados a partir de solo lecturas y teorías como la gran mayoría de los detractores de este tópico, sino que radica en mi propia experimentación, como un Mago que se tome en serio su trabajo debería hacer.  La razón yace en que no es solo una pérdida de tiempo otorgar fresca sangre a una entidad de procedencia inferior o que solo llamaras para un simple objetivo básico sino que estableces un innecesario nexo con dicho ente, permitiendo que se familiarice con tu rastro energético y esencial. Ciertamente, sería una ofrenda sustanciosa pero una inversión poco rentable.

Afortunadamente, y para disipar el escándalo de los alarmistas, el nexo creado a partir de la ofrenda de sangre es uno que se disipa con el tiempo, bastante ingenuos seriamos al creer que una simple ofrenda de nuestra sangre sería suficiente para oficializar un pacto permanente. No estimado lector, un pacto requiere de elementos mucho más complicados, y en ocasiones dolorosos, que él solo dar una pizca de sangre. Este es un tema en el cual estoy lo suficientemente curtido para hablarlo con propiedad.

Pero como nos referimos a un mundo de complicados determinismos encontraremos con que, en lo que se refiere a la evocación y trato con los Dioses Brujos y Altos Guardianes del Arte, el ofrecimiento de la preciada agua bermeja se transforma en un poderoso aliciente e instrumento para reforzar lazos y conexiones, manteniendo fresca la comunión con la elevada entidad particular. Dado que la conversación y familiaridad con los Dioses Brujos es efectuada no con meros objetivos vánales y pasajeros sino con el más excelso Amor y la ambición por la más trascendental gnosis  y revelación espiritual, con todo el poder y conocimiento que ello conlleva, se hace propicio y beneficioso el uso de la sangre para efectuar un sincero y delicado compromiso con Ellos, los Eternos Observadores.  

…“Por ese mismo Poder a través del cual yo lo he llamado a usted, espíritu, yo le ato para que permanezca afable y visible ante este círculo”…

Extracto “La Bienvenida al Espíritu”, Lemegeton.

Como segundo punto de diferenciación entraremos en el tópico de la constricción de la entidad.

Para abordar este tema vayamos pues a un elemento básico del acto evocativo y es el referente al principio de la colaboración de las entidades. Debemos para esto colocarnos en la posición del ser llamado y partir del punto de si en su lugar colaboraríamos fielmente y sin problemas con una solicitud de un ser cuyos poderes son, en comparación a los nuestros, y recordemos que estamos en la perspectiva del espíritu; limitados.  Es una quimera la superficial suposición de muchos grupos o autores del LHP que sostiene la voluntariosa participación y aceptación de espíritus que nos preceden en existencia en el cumplimiento de nuestros caprichos, solo porque pensemos que somos dignos y especiales, o porque seamos, parafraseando a un conocido autor ocultista, “Hermanos en la Oscuridad”. Perdonen mi incredulidad en esto pero me fundamentare  en el hecho de que yo, siendo un poderoso espíritu con capacidad para hacer temblar los cimientos de la tierra u otorgar grandes riquezas, aceptare sin más que este arrogante hombre me llame para que yo, por simple camaradería y amistad, cumpla sus anhelos. Probablemente, y conociendo mi carácter, terminaría por arruinar su vida tan solo por perturbarme en mis deambulantes vaivenes por el éther.  

Tengamos presente que nos estamos refiriendo en este caso a la evocación de espíritus del Arte y demás entidades de características no divinas, lo que no las limita a ser únicamente sublunares sino que se hace extensivo a entidades de ambos Árboles Cósmicos pero de jerarquía inferior.

Todo esto nos hace suponer que sería ilógico y poco fructuoso el evocar a una entidad con la muy débil suposición que solo por hablarle con respeto y educación cumplirá lo que deseemos, tal precepto es risible por sí mismo. Ciertamente existen algunos seres que están dispuestos a colaborar para instruirnos en el mejoramiento de nuestras habilidades psíquicas y espirituales, como Mepsitahl a quien he mencionado en un escrito anterior, sin embargo espíritus de naturaleza poco paciente y benevolente requieren otra aproximación.

No, no bastara solo con un respetuoso acercamiento, el cual no debe faltar independientemente de quien se trate y es la dignidad con que interactuamos con todo ente lo que nos diferencia del exorcista judeo-cristiano; sino que una constricción  y presión es necesaria. Esta coacción no es exclusiva de la magia ceremonial pues en la propia brujería tradicional se mantiene presente y tan solo debemos recordar a la Bruja Erichtho y sus métodos nigrománticos con los cuales revivía de forma forzosa a los difuntos, o los métodos de ataduras y cadenas de las Stregas  italianas  o los muchos ritos coercitivos del PGM (Papyri Magicae Graecae). Vale la pena mencionar el hecho de que Hekate era evocada constantemente con el fin de atar y forzar a los espíritus chtónicos e infernales para hacer la voluntad del suplicante.   

De modo que si deseamos que cierto espíritu cumpla con nuestros deseos deberemos ejercer cierto dominio sobre el mismo y para esto es imperativa la investidura de autoridad divina.

En el caso del Lemegeton esta autoridad  deviene de YHVH y es a través de sus diferentes nombres que el ser evocado es forzado tanto para manifestarse en este plano como para cumplir cabalmente con la carga direccional del mago.

“Yo le llamo y conjuro a usted, Oh Espíritu N, y estando armado con el poder de la Suprema Majestad yo fuertemente le comando, por Beralanensis, Baldachiensis, Paumachia y Apologiæ Sedes, por el más Poderoso Príncipe, Genio, Liachidæ y Ministros de la Morada Tartárea; y por el Príncipe Jefe del Asiento de Apolagia de la Novena Legión, yo lo llamo a usted, y por evocación lo conjuro. Y siendo armado por el poder de la Suprema Majestad yo fuertemente lo comando, por ÉL, quien hablo y estuvo hecho y ante el cual toda criatura es obediente…”

Extracto de la “Conjuración para llamar a cualquiera de los mencionados espíritus”, Lemegeton

Conjuración similar es empleada en el Arte Magice de Hekate con sus características sui generis claro está, pero la base esencial se mantiene: Se llama a la entidad a través de nombres divinos compeliéndola a que asista al rito. Esto no solo abarca la práctica con espíritus de jerarquía inferior sino con los mismos Dioses Brujos, con excepción de la Suprema Reina por razones obvias, pues todos deben lealtad y obediencia a su nombre, el de la Mas Alta entre los Antiguos Señores.    

En el Lemegeton si la entidad no asiste luego de la primera llamada una sucesión de conjuraciones, una más agresiva que la otra, son efectuadas hasta llegar, de ser necesario, a la “Gran Maldición” luego de la cual el espíritu sin duda estaría forzado a presentarse.

Una vez que la evocación es hecha y siendo esta respondida a través de manifestaciones en el espacio del ritual, como un brusco cambio de temperatura, vientos extraños, velas chisporroteantes o incluso susurros sobrenaturales; es momento del direccionamiento del espíritu y es en este punto que muchos sistemas de evocación modernos fallan y dejan incompleto el rito evocativo.  

Debemos entender que la presencia del espíritu, a través de los mencionados síntomas físicos, no es en lo mínimo una completa manifestación de su presencia sino simplemente un aviso de su respuesta y por lo tanto aun no ha sido completado el procedimiento. Es necesario entonces dirigirse a la entidad y afianzar la posición de autoridad del mago o brujo, esto es llamado el “Discurso – o direccionamiento- al espíritu a su llegada”. Únicamente luego de este paso, y solo y exclusivamente luego de efectuarlo, la entidad llamada tomara forma “física” dentro del Triangulo del Arte, de no hacerlo la evocación estará incompleta y no obtendremos una manifestación total.

Finalizado el Discurso al Espíritu, y estando ya esté presente en los confines del triangulo, es cuando podemos efectuar la Bienvenida e incluso en esta es menester mantener un tono respetuoso y  autoritario pues es en tal etapa que el ser llamado será atado y se le solicitara que permanezca visible frente al mago durante el tiempo que este lo desee y hasta que acuerde el cumplimiento de lo requerido.

Estos pasos, la Conjuración, el Discurso al Espíritu y la Bienvenida, son necesarios para toda evocación y ninguno puede ser saltado o la operación será un fracaso o solo tendrá un éxito parcial.

¿Cómo varían estos procedimientos dependiendo la naturaleza del espíritu?  En el tono y contenido de cada etapa. Para un Dios Brujo el contexto del rito integro ha de ser poco autoritario, y sin embargo no debe carecer del necesario aplomo, no podemos olvidar que estamos lidiando con seres de gran poder, incluso aquellos de un mediano escalafón; y no podemos darnos el lujo de ser blandos y pusilánimes, no es algo que los Observadores estimen de parte de un individuo que pretende aprender de ellos.  

Por otro lado para espíritus de un  renglón inferior una constricción más severa debe ser mantenida, sin que por eso se pierda el necesario respeto, el cual debe dominar cada acción del mago y que evitara que se convierta en un mero fanfarrón opresivo.

Aquellos que recuerden mi entrada acerca de la evocación de Mepsitahl podrán rememorar mi afirmación de que en mi sendero no es empleado el sometimiento y sumisión de la entidad, por tal razón es propicio aclarar que esto se refiere a la constricción tortuosa de la entidad, presentes en el Lemegeton en la “Conjuración del Fuego” y la “Gran Maldición”, la atadura y la impuesta obligación es un requisito en todo acto evocativo, en especial cuando la naturaleza de la entidad lo demanda, aun así los métodos más agresivos no los empleo a menos que sean estrictamente necesarios y se trate de una entidad especialmente peligrosa, como aquellas que deambulan en las profundas bóvedas infernales, de resto evito su uso pues emplearlas indiscriminadamente puede llevar graves consecuencias para el operador, en especial uno inmiscuido en artes oscuras y que pretende un trato, sino amistoso, cuanto menos respetuoso con las entidades.        

Siempre mantengo en mente una frase de un gran amigo y mentor:

“Todos los espíritus te prueban”

Sea un ángel, demonio o Deidad, todos prueban al evocador  y este ha de estar preparado para mantenerse firme y no perder su autoridad. Esto lo he experimentado de la mano de los propios Dioses del Arte, siendo Hekate la única excepción a esta regla…por lo menos en lo referente a la evocación al plano físico…

En el momento en el cual el mago olvide su lugar como el axioma del Circulo del Arte y su rol de autoridad, la evocación perderá valor y el resultado estará comprometido. 

Mi recomendación en cuanto a las etapas cruciales de la evocación es memorizar una detallada Conjuración, Discurso y Bienvenida, podéis tomar como ejemplo,  si lo deseáis, las contenidas en el grimorio mencionado, ha de ser precisa y sin lagunas; que esa sea entonces la formula básica y general para todo espíritu llamado, siendo la Llamada  adaptada para la particularidad de cada entidad, y a partir de allí haced el cambio de tono necesario si se tratase de un ser de elevada posición.    

El principio de la constricción puede ser extrapolado para otra clase de ritos, como por ejemplo uno nigromántico, para así compeler a la entidad a asistirnos; cabe reiterar que para esto es absolutamente necesario emplear un nombre divino que sepamos pueda ejercer presión suficiente. Aun así este es un tema completo en sí mismo, pero quería resaltar ese punto.

La cuestión no es que nos convirtamos en el clásico exorcista, término que originalmente era sinónimo de conjurador de espíritus pues posteriormente es que tomo la significación popular con la que hoy en día se le identifica; que obliga grotescamente a las entidades a colaborar con sus fines mientras sostiene amenazadoramente una espada. Tal recibimiento seria soez para un espíritu de alta procedencia e incluso uno de inferior estatus, es delgado el hilo entre la segura y templada evocación mágica, hecha con autoridad trascendental, y la amenaza vehemente y egocéntrica. Queda de parte del practicante avanzado del Arte, al cual le corresponden estos menesteres que escapan a toda luz al neófito, discernir al respecto.

Recordad que luego de que el Círculo es abierto y volvemos a nuestro quehacer diario es que experimentaremos realmente las consecuencias de nuestros errores durante un rito, sino es que incluso durante la propia ceremonia las cosas se van de las manos, en ese momento en el cual no estamos resguardados por un espacio protector y demás artilugios es que los siempre eternos espíritus podrán cobrarnos por tratos excesivos.

Es posible atar y forzar, a través de la Eterna/o, sin necesidad de improperios y groseras formas. Llamad como lo hace un severo padre con su prole, pues en verdad sabed que en ese momento vosotros seréis como la Eterna Fuente de la cual todo emergió, no como lo hace el abusivo oficial con un prisionero, deleitándose en sadismo y opresión.

Siempre he dicho lo siguiente, y lo mantengo: Todas las entidades vienen cuando las llamas, siempre están allí.

La diferencia radica en ser capaz de llevarlas a la manifestación e inclinarlas a que hagan lo que desees. Esa es harina de otro costal.

El Lemegeton contiene principios evocatorios axiomáticos y que no deben de ser obviados, como comúnmente es hecho por ocultistas que desean romper esquemas pero al mismo tiempo dejan de lado valiosa información pasada. Reformad y mejorad, sí, pero no olvidéis las joyas de la antigüedad. Extraer las gemas de un sistema yace en el sabio discernimiento que solo un verdadero practicante de las Artes Mágicas es capaz de lograr.


¿Me obedecerás tú, Oh Espíritu?
Al cual he llamado por la gracia de la Suprema entre los Dioses
¿Responderás acaso fielmente a los desvaríos mercuriales de mi curiosidad?
¿Has de escupir en el reluciente filo de mi hoja?
O inclinaras tu cabeza, adornada con serpientes y escorpiones
 Frente al Hacedor de las Leyes

Sucumbe, Oh Espíritu
Al beso insomne de mi palabra
Que alebresta tus sentidos y erosiona tu letargo

Sucumbe, Oh Espíritu
Al marcial afecto que ensombrece mi faz
Y te ciega con una corona de endrino y marfil

¿Serán suficientes los perfumes que salen de mis manos?
Y que con virtud y poder obnubilan mis sentidos
Agonía de una espera que estremece mi cordura
Y me empuja, rapaz y certera, a la demencia de los aires
Para nunca volver a la raíz de mi existencia
Si no perderme en las alturas
Aquellas que trascienden los espejos de los Mundos 
Y me dejan ciego ante la visión de horror y placer

¿Me obedecerás tú, Oh Espíritu?
Tal vez entonces pueda yo ser tu esclavo
Paciente y dócil
Y soplar vientos de jazmín sobre tu cuerpo
O en cadenas te haga parte de mi locura desenfrenada
En donde soy Rey
Y tú Oh mi amado
Tan solo  el servidor de los despropósitos de mis nostalgias 


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